Se acerca la hora,
se aleja del inicio
y llega al final.
El secundero camina
con ritmo constante
por la perfecta esfera,
sin detenerse en las casas
numeradas que flanquean
el eterno camino.
Se acerca la hora,
ya por la mitad
tan cerca del principio
como del final.
Con su pierna de madera
y su pierna de metal
marca el constante ruido
de su andar,
tic, tac.
Ya al final se acerca,
y al inicio, que es igual,
sin detenerse en el camino,
ni el tiempo le puede parar.
Acaba.
Y vuelve a empezar.